Lo primero, porque es lo que casi nadie espera oír: el antibiótico no es la respuesta a tu dolor de garganta. Entre el 75 % y el 80 % de las faringoamigdalitis agudas son víricas, y en un adulto el estreptococo beta-hemolítico del grupo A —la única bacteria que importa aquí— explica solo entre el 5 % y el 15 % de los casos. Lo que funciona es un analgésico bien elegido, un anestésico o antiinflamatorio local si el dolor es intenso, y paciencia: la mayoría de los cuadros se resuelven solos en tres a cinco días.
Conviene entender por qué esto no es resignación. Aun en los casos que sí son estreptocócicos y sí reciben antibiótico, la reducción de la intensidad y la duración de los síntomas es inferior a 24 horas. El antibiótico se prescribe para prevenir la fiebre reumática y las complicaciones supurativas, y para cortar el contagio, no para que te duela menos.
Cómo saber si es vírico
No hace falta ser médico para reconocer el patrón. Hay signos que apuntan claramente a un virus y otros que hacen pensar en el estreptococo.
| Apunta a virus | Apunta a estreptococo |
|---|---|
| Tos | Ausencia de tos |
| Mocos y estornudos | Inicio brusco |
| Ronquera | Fiebre alta (más de 38 °C) |
| Conjuntivitis | Ganglios del cuello dolorosos |
| Aftas o llagas en la boca | Placas o exudado en las amígdalas |
| Diarrea | Petequias en el paladar |
| Menos de 3 años de edad | Dolor de cabeza y dolor abdominal |
Los criterios de la columna derecha son, en esencia, las escalas de Centor y McIsaac que usan los médicos. Pero ojo con sobreinterpretarlas: la Guía-ABE advierte de que ni siquiera con puntuaciones muy altas la probabilidad de infección estreptocócica supera el 50-65 %. Sirven para decidir a quién hacerle un test rápido, no para diagnosticar. Y la recomendación es explícita: no debería indicarse un antibiótico basándose solo en criterios clínicos sin una prueba microbiológica.
Traducido a tu caso: si tienes tos, mocos y afonía, la probabilidad de que un antibiótico te sirva de algo es remota.
Qué alivia de verdad
Aquí sí hay opciones con respaldo, ordenadas de lo más sencillo a lo más específico.
Analgésicos orales. Paracetamol o ibuprofeno son la base. Controlan el dolor y la fiebre, y son lo primero que recomienda MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.). Un apunte de seguridad que sigue haciendo falta repetir: el ácido acetilsalicílico no se da a niños ni adolescentes por el riesgo de síndrome de Reye.
Gárgaras de agua salada tibia. Media cucharadita —unos 3 gramos de sal— en un vaso de agua templada, varias veces al día. No cura nada, pero alivia, cuesta céntimos y no interacciona con nada.
Líquidos y frío o calor, lo que te siente mejor. Infusiones templadas, agua, polos de hielo. La miel en una infusión es una opción razonable en adultos y niños mayores, pero nunca en menores de 12 meses: la AESAN desaconseja expresamente la miel en ese grupo de edad por el riesgo de botulismo del lactante.
Pastillas de flurbiprofeno 8,75 mg. Es la opción con más evidencia específica para el dolor de garganta agudo. Según la ficha técnica autorizada por la AEMPS, la primera percepción de alivio llega de media a los 13 minutos, la reducción máxima del dolor a los 70 minutos y el efecto dura hasta unas 4 horas. Se chupa una pastilla cada 3-6 horas, máximo 5 en 24 horas y máximo 3 días. Es un antiinflamatorio no esteroideo con todas sus consecuencias: no está indicado en menores de 12 años, está contraindicado en el tercer trimestre del embarazo y en quien haya tenido reacciones al ácido acetilsalicílico u otros AINE. No lo combines con otro AINE oral.
Bencidamina en spray o para gárgaras. Antiinflamatorio de acción local, indicado para el alivio sintomático del dolor y la inflamación de boca y garganta. La pauta habitual del spray es de 2 a 6 aplicaciones al día, y el tratamiento continuado no debe superar los 7 días sin supervisión médica. La solución para enjuagues no se usa en menores de 12 años, aunque algunas presentaciones sí están indicadas desde los 6.
Caramelos y pastillas sin principio activo. Estimulan la salivación y lubrican la mucosa. Es un efecto real, aunque modesto y breve. Sirven; no esperes más de lo que son.
Qué no funciona
- Antibióticos “por si acaso”. En un cuadro claramente vírico no acortan nada, y sí alteran tu microbiota y contribuyen a las resistencias. La faringoamigdalitis es uno de los principales motivos de uso inapropiado de antibióticos.
- Guardar la caja del antibiótico de la vez anterior. Ni la indicación ni la dosis ni la duración se pueden extrapolar de un episodio a otro.
- Amoxicilina-clavulánico como primera opción. Aunque la infección sea estreptocócica, no está indicada: el estreptococo del grupo A no produce betalactamasas. El tratamiento de elección es la penicilina.
- Antisépticos bucales por sistema. Un colutorio con clorhexidina no trata una faringitis; su indicación es otra.
- Doblar la dosis del analgésico. No alivia más y multiplica el riesgo. En uso prolongado de analgésicos puede aparecer, además, cefalea inducida por el propio analgésico.
Algunas combinaciones que conviene evitar
Si vas a tomar pastillas de flurbiprofeno, tenlo presente:
- No las sumes a ibuprofeno, naproxeno u otro AINE oral.
- Vigila si tomas anticoagulantes, antiagregantes, corticoides orales o antidepresivos ISRS: todos aumentan el riesgo de sangrado digestivo combinados con un AINE.
- El alcohol incrementa ese mismo riesgo.
- Contienen glucosa y sacarosa, algo a tener en cuenta si controlas la glucemia.
Cuándo consultar
Busca atención médica —y no esperes al día siguiente si aparecen los tres primeros— si notas:
- Dificultad para respirar, babeo o incapacidad para tragar tu propia saliva.
- Dolor muy intenso en un solo lado, con desviación de la úvula o incapacidad para abrir la boca: puede ser un absceso periamigdalino.
- Rigidez o hinchazón dolorosa en un lado del cuello acompañada de fiebre alta.
- Fiebre alta de inicio brusco con placas y sin nada de tos ni mocos: merece un test rápido de estreptococo.
- Dolor que no mejora nada en 5-7 días o que empeora después de haber ido a mejor.
- Erupción en la piel tipo lija, lengua muy roja o descamación.
- Ganglios generalizados y cansancio marcado que se prolonga: puede ser un cuadro mononucleósico.
- Cualquier dolor de garganta si estás inmunodeprimido, tienes antecedentes de fiebre reumática o estás en tratamiento con fármacos que bajan las defensas.
Y una regla práctica: si has empezado un antibiótico prescrito y a las 72 horas sigues igual, vuelve a consultar. No lo cambies por tu cuenta.
Esta información es orientativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante síntomas persistentes o de alarma, consulta con tu médico o farmacéutico. Fuentes: Guía-ABE, Faringitis aguda (v.2.0/2025) · AEMPS/CIMA, ficha técnica de flurbiprofeno 8,75 mg pastillas para chupar · AEMPS/CIMA, ficha técnica de bencidamina solución para pulverización bucal · MedlinePlus (NIH), Faringitis y dolor de garganta · SESCAM, Faringoamigdalitis aguda: ¿a quién prescribo antibióticos? · AESAN, Informe sobre botulismo infantil
